Grandes lluvias. Calles mojadas. Gente corriendo a buscar resguardo. Bares donde no cabía un alfiler. Coches locos que no respetan los semáforos, con la excusa de que llueve, les pesa el pie más de lo normal.
Fue un sábado atípico. Los zapatos rebosaban humedad y buscaban la sequedad como agua de mayo. Los taxis hacían su agosto en una atormentada Barcelona. Esta vez, Barcelona si que quedo Neta.
Muchos, decidimos quedarnos en casa pero la programación televisiva de un sábado no admite mucho interés. Aunque cada vez la T.D .T disponga de mas canales, tus opciones reales cada vez son más escasas. Acabas tragándote cualquier despojo de la humanidad hasta que finalmente consigues mover tu culo hasta la colección de Dvds . Con una buena película y un buen bol de Palomitas toda pasa más rápido. El problema es cuando finaliza el disco, la vagancia te engancha a la butaca de forma inminente hasta que tus ojos divisan a una excitada Hanna Montana vestida de “adolescente” destrozándose las cuerdas vocales. Rápidamente, realizas con tu brazo movimientos de aspa hasta hallar el mando y cambiar de tortura. Después de tres teletiendas, 2 tarotistas y algún que otro concurso ridículo típico de la madrugada y cuando encuentras algo que vale la pena salen los créditos. Dentro de toda esta paranoia, decides sentarte delante de una ventana y ver como la naturaleza refresca de una vez por todas el ambiente. Silencio golpeado por gotas que buscan una superficie para descargar toda su fuerza.
Los minutos pasan, y el tap tap se te va inyectando en el cuerpo. Una sensación de frío eriza mi bello. Rápidamente me inserto en una suave manta y sin darme cuenta me quedé dormido.
Apaciblemente me desperté.Todavía seguía lloviendo pero ya se había convertido en lo más normal. La gente iba ya disfrazada de lluvia y la cafetera había despertado mi olfato y mis ganas de levantarme.
Un domingo diferente pero con ganas extrañas de que llegue el lunes. Extraño?